En las últimas semanas ha habido tres informes o anuncios importantes en materia económica. El primero fue el de la evaluación anual del Fondo Monetario Internacional sobre la economía del país. El segundo fue el anuncio del Dane de que la economía del país apenas había crecido 0,6 % en 2023. El tercero fue la afirmación del presidente Petro de que las finanzas públicas están a punto de un colapso.
El informe del FMI fue favorable. Reconoció que se habían hecho esfuerzos importantes en reducir los desequilibrios macroeconómicos del país: el déficit de la balanza de pagos, el fiscal y la inflación. La reducción de esos desequilibrios debe considerarse, por lo tanto, el principal logro del país en materia económica.
Debe resaltarse que esta evaluación positiva es importante, dado que el país usa la línea de crédito flexible del FMI, a la cual tienen solo los países con políticas macroeconómicas sólidas. Colombia ha tenido ininterrumpido a esa línea de crédito desde 2009 y tiene la posibilidad de pedir su renovación por dos años en abril.
El logro en materia de balanza de pagos es el más consolidado, aunque con un crecimiento muy limitado de las exportaciones no tradicionales. La reducción de la inflación ha sido importante, pero es todavía insuficiente, ya que estamos todavía distantes de la meta del 3 % del Banco de la República, pero vamos en la dirección correcta.
El riesgo principal que señala el Fondo es en materia fiscal. Reconoce el avance importante que tuvo lugar en 2023 en reducir el déficit y la deuda pública como porcentajes de la actividad económica, pero ve con preocupación que estos indicadores irán en el sentido contrario en 2024. De ahí la importancia, como lo señala, de priorizar el gasto público y analizar los riesgos que plantean las reformas en este campo, entre ellos el costo de la reforma de la salud.
En todo caso, en contra de la afirmación del Presidente, las finanzas públicas no están al borde del colapso. Más aún, esa afirmación resulta riesgosa en un contexto en el cual el país tiene márgenes de riesgo en los mercados financieros internacionales elevados, debido a la pérdida del grado de inversión en 2021.
El asunto es aún más complejo dado que la única de las tres principales calificadoras de riesgo que le da al país grado de inversión, Standard & Poor’s, ya nos puso en perspectiva negativa. Es esencial, por lo tanto, que todo el Gobierno, incluyendo al Presidente, dé señales de confianza en las cuentas fiscales del país y sobre el compromiso de cumplir la regla fiscal.
El anuncio del Dane fue obviamente negativo. Aunque algunos sectores crecieron, tres importantes tuvieron tendencias muy negativas: la construcción, la industria manufacturera y el comercio. Por el lado de la demanda, el problema esencial fue la fuerte reducción de la inversión.
Sorprende en este sentido que el informe del Fondo no haya señalado la necesidad de adoptar una política de reactivación o contracíclica, aunque sí hizo referencia al papel positivo que pueden tener la transición energética y la diversificación de exportaciones sobre el crecimiento económico. Por supuesto, también sorprende la falta de anuncios por parte del Gobierno de una clara política de reactivación.
Esta debe ser su prioridad, manteniendo, en todo caso, el ajuste fiscal y la tendencia favorable de la inflación. Los elementos fundamentales deben ser una reducción un poco más rápida de las tasas de interés del Banco de la República; un foco de los programas de gasto público que contribuyan a fortalecer la actividad económica, notablemente la construcción de vivienda y de infraestructura, lo cual exige una mejor ejecución de la inversión pública; una política ambiciosa de exportaciones no tradicionales; y enviar señales de confianza a los inversionistas y de pleno respeto a la institucionalidad del país.
JOSÉ ANTONIO OCAMPO