Cuando Shakira cantó El jefe en su concierto me pareció que la letra era algo fuerte: “Tengo un jefe de m... que no me paga bien // me tiene de recluta el muy hijo de...”. Pero el baile y canto eufórico de los asistentes me dejaron pensando que estaban haciendo catarsis por lo que les pasa en su vida laboral. Cuento esto porque veo a la Cámara de Representantes como lenta en el trámite de la ley para ratificar el Convenio 190 de la OIT (Organización Internacional del Trabajo). Este convenio, que fue creado en 2019 y ya ha sido ratificado por 49 países, da cuenta de que, además de una remuneración justa, los trabajadores tienen derecho a desempeñarse en ambientes libres de acoso laboral y/o sexual.
Si el proyecto de ley no se aprueba antes de terminar la actual legislatura, será archivado, a pesar de que no hay alguien haciendo énfasis en oponerse a él. De hecho, la semana pasada Gobierno, sindicatos y empleadores hicieron un llamado a que se concrete la ratificación del convenio, pues están de acuerdo en que es una herramienta necesaria para prevenir y tratar casos de abusos en el entorno laboral.
Si bien el vicepresidente jurídico de la Andi expresa que hay partes del convenio cuya idoneidad va a depender de las leyes posteriores que lo reglamenten, es claro en destacar que son mayoritarios los aspectos con los que los empresarios están de acuerdo. Les preocupa, por ejemplo, que se interprete que los empleadores sean responsables de lo que hagan sus empleados fuera de los sitios de trabajo, como en el transporte público, sobre los que consideran que es el Estado el que debe garantizar que no haya acoso en ese tipo de lugares. No obstante, y en atención a sentencias que ha emitido la Corte Constitucional, saben que no pueden lavarse las manos o, en sus palabras, tener una actitud pasiva ante casos de acoso, aunque ocurran fuera de los espacios que pueden controlar.
La Corte lo ha dejado claro en casos como el del 2021 con el periódico El Colombiano, que no atendió oportunamente la solicitud de protección emocional hecha por la periodista abusada por un exjefe fuera de la instalaciones del medio de comunicación, con quien seguía compartiendo sitio de trabajo; o el de 2023 con Ogilvy & Mather, cuyo alegato de que “las empresas no tienen una obligación legal de construir un protocolo para prevenir las violencias de género” fue desvirtuado por la Corte al fallar la demanda de una mujer que denunció acoso laboral por parte de su jefe luego de que ella no accediera a sus insinuaciones de carácter sexual; o el del 2024 con el Colegio Mayor de Cundinamarca, al que la Corte le ordenó “no eludir sus deberes de corresponsabilidad, no tolerancia y neutralidad” en el caso de la trabajadora que pidió poder hacer trabajo remoto por riesgo de feminicidio y a la que la universidad le recomendó renunciar porque su cargo debía ser presencial.
Según la OIT, más de 1 de cada 5 personas han sufrido acoso laboral. Quizá mucha gente no logre identificar esas situaciones como acoso porque desafortunadamente parece que han sido más la regla que la excepción. Hace unos días escuché sobre un jefe que trataba a sus subalternos con palabras como idiota. Lo dijo sin asomo de trauma o reproche. ¡Incluso agregó que agradecía haber tenido un jefe así de estricto porque eso lo hizo bueno en su trabajo! ¡No!, esta y otras formas de acoso, aunque sean sutiles e indirectas, son intolerables y, como dice el Convenio 190, basta con que ocurran solo una vez para que deban ser atendidas.
Ratificarlo no las desaparecerá mágicamente, pero sí seguirá ampliando el camino para que las identifiquemos y denunciemos sin miedo. Además, para que quienes tienen la responsabilidad de actuar lo hagan, sin consideraciones ni ambages.
Entonces... nada de fuerte la canción El jefe; al contrario, Shaki, cántala más duro.
CLAUDIA PALACIOS