En abril del 2008, un oficial de inteligencia británico voló a Tel Aviv para entregar una revelación explosiva a sus homólogos israelíes: Gran Bretaña tenía un topo en Irán con de alto nivel a los secretos del País.
El espía había proporcionado información valiosa —y continuaría haciéndolo durante años— inteligencia que resultaría fundamental para eliminar cualquier duda en las capitales occidentales de que Irán buscaba armas nucleares y para persuadir al mundo de imponer sanciones radicales contra Teherán, de acuerdo con funcionarios de inteligencia.
La identidad de ese espía ha sido secreta durante mucho tiempo. Pero el 11 de enero, la ejecución en Irán de un ex Subsecretario de Defensa llamado Alireza Akbari por cargos de espionaje sacó a la luz algo que había estado oculto durante 15 años: Akbari era el topo británico.
Durante mucho tiempo, Akbari había vivido una doble vida. Para el público, era un fanático religioso y un halcón político, un alto comandante militar de la Guardia Revolucionaria y un Subsecretario de Defensa que posteriormente se mudó a Londres y entró en el sector privado, pero nunca perdió la confianza de los líderes de Irán. Pero en el 2004, de acuerdo con los funcionarios, comenzó a compartir los secretos nucleares de Irán con Gran Bretaña.
Pareció hacerlo sin consecuencias hasta el 2019, cuando Irán descubrió —con la ayuda de funcionarios de inteligencia rusos— que había revelado la existencia de un programa clandestino de armas nucleares iraníes en las profundidades de las montañas cerca de Teherán, dijeron dos fuentes iraníes con vínculos con los Guardias Revolucionarios de Irán.
Además de acusar a Akbari de revelar sus secretos nucleares y militares, Irán también dijo que reveló la identidad y las actividades de más de 100 funcionarios, sobre todo Mohsen Fakhrizadeh, el principal científico nuclear asesinado por Israel en el 2020.
Gran Bretaña nunca ha reconocido que Akbari, que se convirtió en ciudadano británico en el 2012, era su espía. Un portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores británico se negó a comentar.
The New York Times reportó en septiembre del 2019 que la fuente de inteligencia sobre el sitio nuclear, llamada Fordo, era un espía británico. Esa inteligencia fue una de las revelaciones que el funcionario de inteligencia británico transmitió a Israel, afirmaron tres funcionarios occidentales.
Akbari, que tenía 62 años cuando fue ejecutado, era un espía poco probable. Mostró una lealtad fanática a los ideales de la República Islámica y un apoyo inquebrantable a sus líderes, de acuerdo con Mehdi Akbari, su hermano, y las personas que lo conocieron.
Akbari, quien nació en el seno de una familia conservadora en Shiraz, era un adolescente cuando la revolución iraní en 1979 derrocó a la monarquía y siguió la guerra con Irak, dijo su hermano. Enardecidos por la pasión revolucionaria, él y un hermano mayor se enlistaron como soldados y para cuando dejó el frente casi seis años después, era un comandante condecorado de la Guardia Revolucionaria.
Reanudando la vida civil, Akbari ascendió a Subsecretario de Defensa y ocupó cargos de asesor en el Consejo Supremo de Seguridad Nacional y otros órganos gubernamentales. Forjó relaciones cercanas con dos hombres poderosos: Fakhrizadeh, el científico nuclear, y Ali Shamkhani, el jefe del consejo, a quien sirvió como segundo y asesor.
“Era extremadamente ambicioso, un excelente analista con habilidades superiores para escribir y hablar, y la gente confiaba en él”, dijo Foad Izadi, analista de políticas en Irán.
En el 2004, en medio de crecientes sospechas de que Irán estaba siguiendo un programa de armas nucleares en secreto, Akbari fue responsable de convencer a las embajadas clave en Teherán de que no lo hacía, y se reunió regularmente con los embajadores de Gran Bretaña, China, Francia, Alemania y Rusia. En ocho videos cortos transmitidos por la televisión estatal después de su ejecución, Akbari detalló sus actividades de espionaje y su reclutamiento por parte de Gran Bretaña en un evento en la Embajada británica en Teherán. Pero más tarde, en un mensaje transmitido por la BBC Persian, Akbari dijo que las confesiones fueron forzadas.
La motivación de las acciones de Akbari sigue sin ser clara. En 2019, Akbari —que se jubiló en el 2008, pero viajó varias veces entre Londres y Teherán— voló a Irán a petición de Shamkhani, dijo su hermano.
Unos días después de su regreso, Akbari fue detenido por el Ministerio de Inteligencia y recluido en aislamiento durante meses. En enero, Irán dijo que era un espía. Días después, fue ahorcado y enterrado en un terreno del cementerio no revelado.
Por: FARNAZ FASSIHI
y RONEN BERGMAN
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