Hasta hace poco tiempo se consideraba que los problemas ambientales y climáticos podían enfrentarse desde la acción sectorial. Hoy sabemos que sin una coordinación, en términos de emergencia, entre sociedades, gobiernos y multilaterales, será difícil avanzar. Esta coordinación debe superar lo sectorial y avanzar hacia una integración de la problemática que parta de una revisión estructural de la cultura.
Debido a que la Cumbre del Milenio (2000) no incorporó un objetivo sobre cultura y desarrollo, organizaciones, científicos, artistas y ciudadanos protestaron mediante el documento ‘El futuro que queremos incluye a la cultura’. No alcanzó para que en 2015, la Agenda ODS 2030 enmendara la plana. Ninguno de los 17 objetivos incluye la dimensión de la cultura y su relación con el tipo de desarrollo que debemos repensar. Ninguna de las 169 metas se refiere a la cultura entendida no simplemente como expresión del arte y la creatividad, sino como conjunto de valores, creencias y paradigmas; solo 5 de ellas abordan lateralmente aspectos de ancestralidades, diversidades, cultura de paz, creatividad, patrimonio y turismo.
La meta 4.7 menciona el aporte de la cultura al desarrollo, pero el texto es insuficiente. Quizá sea la hora de aceptar que la hoy llamada policrisis irrumpió sin que desde la academia se hubiera anticipado el examen de sus componentes. Primó, otra vez, el criterio de compartimientos estancos; se creyó que lo sectorial sería suficiente para enfrentar lo que es integral, sistémico y emergente. Aún estamos a tiempo de proponer una mirada total.
Desde Colombia podemos decirle al mundo que uno de los pioneros de nuestro pensamiento ambiental, Augusto Ángel Maya, nos dejó dicho que “la índole de la problemática ambiental nos obligaría a repensar la totalidad de la cultura”. Los vínculos entre ‘todo el problema’ y prácticas culturales relacionadas con el consumo, la agricultura, la ganadería, la alimentación, el transporte, la educación y el cuidado, para señalar solo los más evidentes.
Colombia fue reconocida por su aporte a la agenda ODS. En 2024, desde COP16, puede seguir liderando estos temas globalmente si propone la incorporación de la cultura en las nuevas agendas globales de la sostenibilidad 2030-2050. Ya no es solo el ambiente, ahora es, principalmente, la cultura.
MANUEL GUZMÁN HENNESSEY