Caras largas, lenguaje poco optimista, proyecciones y escenarios negativos son el lugar común por estos días. Y mientras ese halo crece, yo que soy de un optimismo casi terco, me esfuerzo por identificar lo que he llamado líderes puente.
Carlos, mi vecino, decidió hacer del parque del barrio una obra de arte, sin que nadie le dijera nada ni le entregaran recursos, usa su tiempo libre y conocimiento de paisajismo para no solo embellecerlo, sino asegurar que todos tengan su espacio. Él no se rinde con El Niño ni La Niña ni tampoco con los daños que hacen unos pocos. Poco a poco ha inspirado a la comunidad a aportar a su cuidado.
Y es que en este ambiente, cada vez más marcado por la desconfianza y la división, me aferro a esas personas que navegan el presente con sentido de posibilidad.
Determinar el porcentaje exacto de líderes que podrían considerarse como “puentes” es difícil, debido a la naturaleza subjetiva del término y a la falta de una definición clara y universalmente aceptada. Ser un líder puente implica la capacidad de construir conexiones, facilitar el diálogo y promover la colaboración entre diferentes grupos o individuos, lo que puede manifestarse de diversas formas y en diferentes contextos.
Sin embargo, podemos inferir que, en general, el número de líderes que podrían ser considerados como puente podría ser significativamente menor en comparación con el total de líderes en cualquier campo o sector. Esto se debe a que la habilidad de ser puente no es necesariamente inherente a todos los líderes, sino que requiere habilidades específicas de inspiración, comunicación, empatía y resolución de conflictos.
Esas personas puente son los verdaderos arquitectos sociales que necesitamos. Y si lo pensamos bien, todos tenemos referentes, de carne y hueso, mucho más cercanos que Mandela y Malala. Se trata de personas que construyen puentes entre comunidades fragmentadas, compartiendo conocimiento, sumando esfuerzos, ofreciendo ayuda desinteresada e impulsando todo lo que pueden, para tejer una red de oportunidades en medio del ruido, el malestar y el caos.
Ya lo hemos dicho. Vivimos en una época en la que la confianza se desvanece rápidamente. Desinformación desenfrenada y polarización extrema han minado la fe en nuestras instituciones, en nuestros líderes y, en algunos casos, en nuestros propios amigos. En este escenario desolador, las personas puente se alzan como faros de esperanza, demostrando que la confianza y la solidaridad aún tienen un lugar y varios protagonistas.
Un líder puente no necesita un cargo importante ni una gran fortuna para marcar la diferencia. Su verdadero poder está en su capacidad para conectar, para tender la mano al otro, para escuchar y conectar puntos de vista diversos, para actuar como catalizador del cambio positivo en sus comunidades. Son los maestros que inspiran a sus alumnos a soñar en grande, los líderes comunitarios que trabajan incansablemente por un futuro más justo y equitativo, los vecinos que se unen para impulsar una causa en su comunidad, y también los líderes que están impulsando un propósito con visión de futuro.
En un mundo Bani (Brittle, Anxious, Non-Linear and Incomprehensible); frágil, ansioso, no lineal e incomprensible, donde la desconfianza y la incertidumbre parecen ser la norma, las personas puente son un recordatorio poderoso de que la humanidad aún conserva su capacidad innata para la empatía y la colaboración. Son los guardianes de la esperanza, los alquimistas sociales que transforman la desconfianza en solidaridad.
Es responsabilidad de todos nosotros reconocer y apoyar a estas personas puente en nuestro entorno, y, si podemos, convertirnos en puente nosotros mismos. Según un estudio de la Escuela de Negocios de Harvard, tenemos 45 por ciento menos posibilidades de morir si somos más optimistas.
Recuerdo que Norman Vincent Peale, en su libro El poder del pensamiento positivo, menciona que la mentalidad optimista contagia, moviliza e impulsa cambios de comportamiento.
Son los líderes puente los héroes cotidianos que marcarán el camino hacia un futuro más esperanzador. Sigamos su ejemplo y construyamos puentes, no barreras; sumemos, no restemos; ayudemos, no ignoremos; conectemos, no aislemos; y aportemos desde la voz del líder. Viralicemos lo bueno.
*Miembro de Women In Connection