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Editorial

Señales deterioradas

En 2024 la ruta de la transición energética en Colombia siguió enredada y el horizonte para los próximos años no luce despejado.

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El año que termina era clave para la consolidación de las políticas prioritarias del Gobierno Nacional, en especial la de transición energética. Una de las transformaciones más radicales dentro de la agenda de cambio de la istración Petro es la que concierne al sector energético. No obstante, en este 2024 no solo se avanzó poco en esa hoja de ruta, sino también se deterioró el panorama eléctrico, petrolero y de gas natural. 
La Casa de Nariño impulsa sin ambages el fin de la industria del petróleo y del carbón para sustituirla por energías renovables, así como empuja una mayor intervención estatal en la cadena de la energía eléctrica, en detrimento del actual marco público-privado que por 30 años ha evitado un nuevo apagón. Para lograrlo, ha frenado la nueva exploración de hidrocarburos, ha dificultado la estabilidad en la Comisión de Regulación de Energía y Gas (Creg) y ha desatendido los llamados a facilitar y agilizar los trámites y licencias para los nuevos proyectos.
Si bien la llegada de las lluvias y el fin oficial del fenómeno de El Niño, junto a otros factores como la contribución de las térmicas, despejaron durante el año el fantasma del apagón, los riesgos sobre el suministro eléctrico se desplazaron unos años, hacia 2026 y 2027. Distintos estudios, basados en las estimaciones oficiales, proyectan no solo que habrá desajustes entre la oferta y la demanda eléctrica en los próximos años, sino que recientes regulaciones de la Creg agravan aún más la situación.
El avance de las iniciativas eólicas y solares sigue convertido en un proceso complejo, demorado, con sobrecostos y lleno de trabas.
Ante el crecimiento de la demanda, gana importancia la entrada en operación de los distintos proyectos de generación de energía, en especial la renovable. Sin embargo, el avance de esas iniciativas eólicas y solares continúa convertido en un proceso complejo, demorado, con sobrecostos y lleno de trabas. Hace pocos días se dio el más reciente ejemplo de los efectos de esa situación: la empresa portuguesa EDP Renewables anunció la venta de sus dos proyectos, Alpha y Beta. En conclusión, el desánimo sopla contra la transición eólica.
Por otro lado, se sostuvieron durante este año las complicaciones para contar con una Creg estable, capaz de producir la necesaria regulación. Sin esas decisiones regulatorias, las señales enviadas a los inversionistas y al sector no garantizaron la confianza y el atractivo requeridos para sustentar el flujo de billonarios recursos detrás de una oferta energética sostenible y competitiva.
En lo referente al gas natural, el año 2024 deja la positiva noticia de la confirmación de la magnitud histórica del pozo Sirius-2, como el descubrimiento de gas natural costa afuera más importante del país. Ecopetrol confirmó que este hallazgo cuenta con volúmenes mayores a seis terapiés cúbicos, lo que duplicaría las reservas de este hidrocarburo, que han venido disminuyendo en años recientes. Al mismo tiempo, a partir de este diciembre, Colombia perdió la autosuficiencia de gas natural al tener que importarlo por primera vez en 45 años. Lo anterior se suma a las consecuencias negativas para la industria petrolera nacional de haber prohibido los nuevos contratos de exploración. En conclusión, una ruta de transición energética sin claridad que ha conducido a un horizonte eléctrico, de gas y petróleo lleno de nubarrones. 

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