Una burbuja inmobiliaria es un tipo de burbuja económica que se produce periódicamente en los mercados de este tipo, ya sea a nivel global o local, que por lo general sigue a un auge inmobiliario.
Esto significa un rápido aumento del precio de mercado de bienes inmuebles que alcanza niveles insostenibles y luego disminuye sin razón aparente, pero en los que confluyen varios factores, de acuerdo con el portal del 'Registro Único de Vivienda'.
El primero de ellos es la alta demanda de las propiedades, esta crece y se genera cierta incapacidad para satisfacerla, lo que termina por superar la oferta y encarecer los costos de los mismos.
Un segundo factor es la especulación del mercado y el deseo que tienen las personas de comprar inmobiliarios para venderlos a un precio mayor del que lo adquirieron. Cuando los especuladores ingresan al mercado inmobiliario, pueden hacer subir los precios al ofertar tipos de inmuebles como viviendas y luego revenderlas rápidamente, de acuerdo con portal especializado 'Rankia'.
Este fenómeno también provoca un aumento de los créditos por parte de las entidades financieras de manera acelerada y sin suficientes controles de calidad, lo que permite que personas con bajos ingresos y baja capacidad crediticia obtengan préstamos para comprar viviendas, a la vez que influye en el incremento artificial de las viviendas.
"Las burbujas inmobiliarias pueden tener consecuencias graves para la economía, ya que el aumento excesivo de los precios puede hacer que las personas y las empresas paguen más por los bienes inmuebles de lo que realmente valen", afirma la consultora anteriormente citada.
¿Cómo puede afectar a la economía colombiana?
De acuerdo con un artículo de la Universidad Libre, una burbuja podría ocasionar en ambiente de duda y poca certeza sobre los proyectos inmobiliarios en el país, empezando por las constructoras hasta en los costos de sus materiales, por ejemplo.
"Al especular sobre la burbuja inmobiliaria se puede producir un fenómeno de incertidumbre, lo que afectaría la inversión en el sector, generando así temor en el consumidor y retraso en las decisiones de compra, con el fin de no incurrir en una compra con costos desmesurados", afirma el artículo de la institución.
No obstante, esta no tendría que ser local, así se encuentre en el otro lado del mundo, como sucede con China, esta también podría afectar al país latinoamericano.
Hace cerca de un siglo, cuando la bolsa de Nueva York colapsó y el coletazo produjo una recesión mundial. Hoy puede decirse lo mismo, pero sobre China, cuyo auge económico ha sido el motor de la economía mundial a lo largo de tres décadas.
Expertos de bancos privados coinciden en afirmar que la economía China crecerá menos de 5 por ciento en 2023. No se trata de una pausa, sino de un cambio de paradigmas que llevará a que la potencia oriental no vuelva a crecer de manera sostenida a tasas superiores al 8 por ciento anual, como sucedió durante las dos primeras décadas del siglo. En cambio, se espera que tienda a estabilizar el aumento anual de su PIB en torno al 3 por ciento o 4 por ciento de aquí a 2030.
Eso implicará menos impulso a las compras de petróleo, carbón, gas, cobre y alimentos. En solo cobre, China consume el 56 por ciento de la producción mundial. Es probable también que China deje de comprar bonos de deuda de países del Tercer Mundo, y eso golpee a quienes son más dependientes de esos fondos, como es el caso de Argentina y Venezuela.
De acuerdo con el analista económico, Mauricio Vargas linares, Colombia también podría salir golpeada. Hace poco más de 30 años, en 1991, el país exportó 17 millones de dólares a China, e importó de allá 8 millones, cifras insignificantes frente a lo que vino luego. En 2019, las exportaciones colombianas a ese país marcaron un récord de 4 mil 564 millones de dólares.
Por cuenta de la pandemia, las ventas colombianas frenaron para llegar a 2 mil 165 millones en 2022. Muchos esperaban que en 2023, una vez Pekín abandonó la política de cero covid y las ciudades retomaron su actividad, se diera una reactivación, pero las cifras del primer semestre del año indican que no habrá mejora y que, incluso, puede darse una ligera caída adicional con respecto a 2022.
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