El hambre en el mundo es una crisis en constante crecimiento que afecta a más de 800 millones de personas, y no parece posible su reducción.
Sufrí el hambre en mi infancia, en Nápoles, durante la Segunda Guerra Mundial, y me ha quedado un interés casi enfermizo sobre este tema. Afortunadamente los resultados de esta pasión son prolíficos. Les cuento: estamos gestando un comedor social en San José de los Campanos. Allí se atiende a más de 200 afiliados para el almuerzo de lunes a viernes.
Otro comedor que recibe de nosotros toda la ayuda posible es Los Hijos de María, de la heroica doña Ludis, donde se ofrecen otros 150 almuerzos y a bicentenarios. Con otro pequeño llegamos a un total de 500 niños y adultos mayores a quienes podemos alimentar una vez al día con un mínimo de 120 gramos de arroz. Pero cuesta, calcule usted solo eso, sin pensar en las proteínas, 120 gramos por 500, son más de 60 kg a 5.000 pesos el kg, son 300.000 diarios, pero vale la pena, se siente cada día.
Y no solo alimentamos el cuerpo, sino el cerebro. También estamos tratando de educar a los niños con clases de música, de manualidades, de lectura y comprensión de inglés. Estas clases las dictan unos voluntarios que solo reciben una ayuda para el transporte y son la base sólida por la cual todo el aparataje de Corazón Contento logra funcionar. Una mínima solución.
Unos 150 millones de niños menores de 5 años sufren de retraso en el crecimiento por malnutrición, que puede tener efectos permanentes en su salud y desarrollo. Entre los factores que contribuyen al hambre están las guerras, el cambio climático y sobre todo la pobreza, más de 50 millones de personas están hoy al borde de la hambruna. Se estima que el cambio climático podría aumentar el número de personas en situación de hambre en 35 millones para el año 2030. La comunidad internacional se ha comprometido a erradicar el hambre en el mundo para esa fecha, como parte de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Una esperanza, en la que se necesita inversión.
Según la FAO se requieren al menos 39.000 millones de dólares. El club de millonarios amigos de Trump podría hacer una vaca para terminar con este flagelo que es un problema global. Métanse la mano al dril.
Una visita a Círculo de Obreros de San Pedro Claver me devolvió la esperanza. Esta noble organización hace más de 80 años dedica sus esfuerzos a mejorar las condiciones de vida de las familias más pobres de Cartagena.